Curiosidades

LAS CATACUMBAS EN ROMA

Noemí Raposo Gutiérrez



Bajo las ruidosas calles bañadas por el sol de la Roma actual existe otra ciudad entera, tras sus puertas se oculta un misterioso laberinto frío, silencioso y eternamente oscuro, éstas son las catacumbas.

Dentro de las catacumbas había pinturas y objetos que adornaban paredes llenas de restos humanos; los restos de las personas que creían que estos estrechos pasadizos conducían a la vida tras la muerte.

Durante tres siglos los primeros cristianos fueron perseguidos por un Imperio Romano opresor, ya que su culto era ilegal. Durante esta época los primeros cristianos de Roma enterraban a sus seres queridos en pasadizos subterráneos por la creencia en Jesucristo, que fue sepultado en una cueva, y ellos también podían resucitar y volver a vivir.

Las ciudades de los muertos
Una persona muerta no podía ser incinerada o sepultada dentro de las murallas de la ciudad, esto era lo que establecía la legislación romana entre los siglos II-IV d.C. Esta norma estricta, de cómo disponer de los cadáveres, se aplicaba a todos los residentes de Roma. La mayoría de los romanos eran paganos y optaban por la incineración, sus cenizas eran conservadas en pequeñas tumbas en necrópolis al aire libre, pero los primeros cristianos y judíos romanos insistían en enterrar a sus muertos. Estas tumbas subterráneas se denominaban catacumbas, que significa “cavidad” en griego. El nombre deriva de las cavidades que bordeaban la vía Apia.

Las catacumbas de Roma evolucionaron a partir de estas primeras catacumbas, la mayoría estaban cerradas al público, para proteger sus pinturas murales, ya que la misma respiración humana podían dañarlas irremediablemente. Aunque es probable que este arte funerario fuera creado para entretener a los muertos, hoy nos brinda la posibilidad de echar un vistazo al pasado, una mirada a la vida diaria y a las creencias de la Roma de los siglos II-III d.C.

La construcción de las catacumbas se inició en el siglo II. Los primeros cristianos excavaron un inmenso sistema de galerías y pasadizos conectores, uno debajo de otro, unidos por estrechos y escarpados peldaños extendiéndose hasta cuatro pisos de profundidad. Estos pasadizos medían unos 2 m de altura por apenas 1 m de ancho, en las paredes se abrían unos nichos rectangulares, llamado lóbulos, del latín loculi, en los que sólo cabía un cadáver; en ellos se enterraban a los obreros, a las mujeres, a los niños y a los ancianos. Los ricos solían descansar en elaborados sarcófagos de mármol, las sepulturas lujosas; los santos y los mártires, que habían muerto por la fe, eran sepultados en unos arcosolios, que se trataba de un lugar de honor, que consistía en un nicho abierto, bajo una forma semicircular tallada en la pared y decorada con pinturas simbólicas. Muchas catacumbas recibieron el nombre de los santos enterrados en su interior.



Las catacumbas eran obras excavadas por fossores, que significa constructores de cuevas, formaban una especie de gremio de un oficio muy especializado y difícil. Los fossores querían proteger las tumbas de sacrilegios y saqueos, por lo que diseñaron laberintos y angostos pasadizos. Los pasadizos eran tan oscuros y agoreros que el latinista San Jerónimo escribió que “una visita dominical a un mártir más bien parecía un descenso al infierno”.

En las catacumbas la luz no entraba por ninguna ventana, sino que se filtraba desde arriba por unos pozos que acababan con la oscuridad, pero mientras uno avanzaba con precaución las tinieblas lo iban envolviendo para sumirlo en el silencio de la noche. La única luz y ventilación natural de las catacumbas provenía de las aperturas en los techos llamados lucernarios, a través de estos también se bajaba el agua para mezclar con el polvo de toba y preparar así la argamasa necesaria para sellar los nichos.

Vida y muerte bajo tierra
Es probable que la primera catacumba construida durante el siglo I d.C. fuera para familias nobles, que se excavaban una tumba bajo sus propias tierras; posteriormente, se ampliaron para poder enterrar a sus hermanos cristianos, así como a los romanos judíos, y otras personas que repugnaban la práctica de la incineración.

Sin embargo, fue en los siglos II-III cuando las catacumbas adquirieron importancia. Muchos de los mártires habían muerto a manos de turbas romanas. Aunque muchos de los primeros cristianos no encontraron la muerte a manos de una turba, sino en lugares como el coliseo y el circus maximus, algunos cristianos prefirieron morir en las garras de un león antes que renunciar a su fe y otras veces eran obligados a luchar contra gladiadores.

Entre los santos enterrados en las catacumbas se encuentra San Pablo. Por esta razón, las catacumbas se convirtieron en un lugar de visita a los santos y a los mártires para los primeros cristianos, donde les rezaban y rendían culto. Las pinturas nos proporcionan esta práctica, consistentes en una pequeña comida comunitaria, que constaba de pan y vino.

Curiosamente, los primeros cristianos eran reacios a representar directamente a Jesucristo en las paredes de las catacumbas, pero casi todas las catacumbas de Roma contenían imágenes, como la del buen pastor, que era una forma de representar a Jesús implícitamente. Además de aparecen animales de todo tipo como el pavo real, que era considerado un símbolo del nacimiento y vida eterna. También estaban decoradas con imágenes de jardines, el jardín era uno de los principales temas del arte funerario pagano de la antigüedad, adoptado por los cristianos, se creía que el más allá era un hermoso jardín donde encontrarían todos los placeres de la vida. Los primeros cristianos tomaron voluntariamente símbolos y elementos mitológicos griegos y romanos para inspirarse en las catacumbas, en muchas paredes aparece Hércules; también resulta muy interesante el gusto que hacían de las imágenes de delfines, que según la mitología griega y romana conducían las almas al más allá.



La ceremonia funeraria era el inicio de este viaje al más allá. Después de cruzar la entrada a las catacumbas, los cuerpos de los difuntos eran transportados a veces a grandes distancias por los pasadizos subterráneos, que conducían hasta los lóculos o los arcosolios preparados para recibir el cadáver. Los cadáveres no se embalsamaban en las catacumbas, se envolvían con un sudario y se situaban en estos nichos y después se cerraban las tumbas con placas de piedra o de arcilla, que se sellaba con argamasa y encima se colocaba una inscripción para identificar al difunto y desear su descanso eterno.

La creciente necrópolis

En el año 400 d.C. ya se habían construido las catacumbas más grandes y complejas, pero se estaban excavando más, y pronto habría casi 100 km. de cementerio subterráneo debajo de la ciudad, era una auténtica ciudad de los muertos. A finales del siglo V había 750.000 personas enterradas en los túneles de las catacumbas que bordeaban la antigua Roma.


La catacumba más grande era la que los antiguos cristianos denominaron Domitila, por ser de la sobrina del emperador Domiciano, con más de 12 km de galerías y pasadizos.

La existencia de tantos kilómetros de catacumbas debajo de Roma dio lugar al mito de que los antiguos cristianos se escondían en ella durante los períodos de peligro o persecución. Sin embargo, las autoridades romanas conocían la existencia de las catacumbas y su situación. Por lo tanto, si los antiguos cristianos necesitaban un refugio, las catacumbas no podían considerarse un escondite secreto. Aunque el verdadero motivo por el que la gente no podía esconderse en ellas era el olor que desprendían los millares de cadáveres en descomposición, el hedor debía de ser irresistible, el olor a carne humana en putrefacción era repugnante, nauseabundo y además tóxico. No obstante, aunque no se escondían en las catacumbas parece que los artesanos y los pintores las habían poblado para decorar estas elaboradas cámaras mortuorias.

El fin de las catacumbas
En el año 313 d.C. Constantino el grande decreto que el cristianismo se convirtiera en una religión legal del Imperio Romano, al mismo tiempo la práctica de los entierros subterráneos fue disminuyendo.

A finales del siglo V las catacumbas dejaron de usarse, se había vuelto habitual que los cristianos y los judíos usarán los cementerios al aire libre. El misterioso legado dejado en las catacumbas, gracias a un enorme trabajo, en gran parte se abandonó. Las razones por la que abandonaron las catacumbas son casi tan misteriosas como las que llevaron a que se construyeran. Hay quien afirma que una vez se legalizó el cristianismo ya no había motivo para efectuar entierros subterráneos. Otro hecho curioso es que en el siglo IX las catacumbas no sólo habían sido abandonadas, sino que los fieles las habían olvidado por completo.

En la Baja Edad Media los muertos habían comenzado a desaparecer, la causa no era la resurrección divina, sino el saqueo. En esta época, las personas de la antigua ciudad de Roma iban a las catacumbas, como visitantes o peregrinos para tocar la tumba de un mártir. Los peregrinos solían firmar con sus nombres las paredes cercanas a las tumbas de los mártires para decir que habían estado allí y a veces ponían graffiti.

El primer descubrimiento tuvo lugar el mes de junio de 1578, cuando unos obreros excavaban una mina de cemento, cerca de Roma, y encontraron por casualidad una catacumba.

De los casi 100 kilómetros de catacumbas, que se cree que existen bajo la actual ciudad de Roma, sólo se han explorado 65 km. Quizás no sepamos nunca mucho más sobre estas personas tan distantes en el tiempo, pero conservar el mensaje que dejaron en las catacumbas puede ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos.

Fuente

Reseña realizada a partir del documental “¿Quién construyó las catacumbas?”


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JOYA DE CERÉN, UNA ALDEA MAYA BAJO LAS CENIZAS DE UN VOLCÁN
                                                         
    Aguas Santas Barrada Rodríguez



Joya de Cerén es solo uno de muchos casos conocidos en El Salvador donde las erupciones volcánicas han afectado en el pasado a la vida humana. Es único en el sentido que muestra cómo vivía el indígena común y su vida.

Este sitio fue descubierto en 1976 cuando se preparaba el terreno para construir silos para el Instituto Regulador de Abastecimientos (I.R.A.). Se realizó el primer análisis en 1978 y 1980 por el Dr. Payson Sheets, profesor de antropología de la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos. Los trabajos de excavación fueron interrumpidos por la Guerra Civil de El Salvador pero fueron retomados en 1989 hasta 1996. En 1993 fue declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco.

El territorio de El Salvador presenta uno de los paisajes más volcánicos del mundo. El istmo de Centroamérica fue el resultado de la actividad volcánica, y con el tiempo los depósitos de ceniza y otros productos eruptivos se han ido meteorizando para formar suelos de renombrada fertilidad.

Sin embargo, este es un paisaje “vivo”, ya que han ocurrido varias erupciones documentadas desde la conquista española (1524), y los estudios geológicos han identificado numerosos eventos prehistóricos ocurridos en los últimos miles de años. A lo largo de milenios, la población humana viviendo en la sombra de estos volcanes tuvo que aguantar, adaptarse, o perecer frente a esta situación. En algunos casos, como en la gran erupción de Ilopango (en el siglo V d.C.) que afectó gravemente alrededor de 3,000 km2, la vigilancia y fuga no pueden haber sido suficientes como para salvar la vida de, probablemente, decenas de miles de personas.

Sepultada bajo las cenizas volcánicas encontramos la Joya del Cerén que es estudiada como una cápsula del tiempo de la época clásica maya. De esta forma tenemos información de las estructuras domésticas que nos dan la oportunidad de estudiar el pasado no escrito de esta civilización: la dieta, la interrelación, etc.

Está situada en la parte central de El Salvador, que está rodeado de volcanes. Los arqueólogos basan su historia en las erupciones volcánicas. Un ejemplo de ello es el volcán de Llopango, que ya en el 420 d. C. entro en erupción y cubrió la mayor parte del país, por ello se encuentran muchos lugares arqueológicos con restos de ceniza volcánica durante el periodo Preclásico. Estas erupciones ocurren cuando el magma toma contacto con el agua y debido al peso de la masa de la tierra, el agua se eleva y eso es lo que hace que se forme un cráter volcánico en forma de lago, eso es lo que ocurre en Llopango.

El asentamiento es una pequeña aldea que fue enterrada por 5 metros de ceniza volcánica durante la erupción del volcán llamado “Loma Caldera”, por lo que ha sido llamada la “Nueva Pompeya” y la “Pompeya de las Américas”. Su estado de conservación es increíble. Se descubrió en 1976, cuando un tractor chocó con uno de los restos. Las excavaciones están revelando información extremadamente valiosa sobre la vida cotidiana y doméstica de entonces. Entre las 17 estructuras descubiertas hay dos bodegas para alimentos y utensilios de trabajo como cuchillas de obsidiana y piedras de moler de reserva.

Otras dos estructuras son cocinas, donde se han desenterrado cuchillas, piedras de moler, vasijas con restos de comida (frijoles, cacao y chiles), platos de barro y un fogón de tres piedras. Las estructuras tienen varios nichos verticales y horizontales, y paredes pintadas de rojo y blanco. También se ha encontrado un jardín con maíz y maicillo, así como huesos de roedores y un pato. Todas tienen techo de paja. En los alrededores se han descubierto bajo la ceniza maizales cultivados. Todo se halla intacto tal y como fue enterrado en el momento de la erupción.

Todas las estructuras fueron construidas con tierra. Sin embargo, al contrario de lo que se esperaría, el material empleado en la construcción de estas estructuras tenía relativamente poca arcilla. Los techos eran de zacate (paja) sostenido por un armazón de madera rolliza.

La estructura 1 corresponde a la casa que quedó cortada en talud por los tractores de 1976, y proporcionó la evidencia de la existencia e importancia del sitio.



Esta estructura se encuentra en mal estado de conservación. En 1976, la mayor parte de su corredor fue destruido por el tractor. Después de su excavación parcial en 1978, un techo modesto de lámina proporcionó alguna protección contra la lluvia, pero ya para 1986 el talud de excavación había colapsado, quebrando las dos columnas del corredor y la pared de bahareque detrás de ellas. Las otras tres paredes fueron descubiertas durante las excavaciones de envergadura que se iniciaron en 1989. Las paredes se habían separado de las columnas y caído al suelo debido a la violencia de la erupción, pero lamentablemente fueron destruidas por los excavadores a fin de revisar las áreas que cubrían. Se dieron daños adicionales cuando se hizo un experimento mal aconsejado en esta estructura. Se apiló arena caliente contra la plataforma basal con el objetivo de secarla rápidamente; esto provocó desprendimientos generales en su superficie, resultando en su actual apariencia "golpeada".

Se ha propuesto que el hogar típico de Joya de Cerén está representado por las Estructuras 1 (la casa, cuyo uso prácticamente se limitaba a ser un dormitorio), 6 (una bodega) y 11 (una cocina). Puede ser una interpretación válida, pero a la fecha solo se tiene un ejemplo de este conjunto propuesto. En otros sitios contemporáneos se han descubierto entierros alrededor de restos de casas, y debajo de ellas, que serían de sus propios ocupantes. La única excavación en Joya de Cerén debajo de una estructura fue debajo de la número 5, donde efectivamente se encontró parte de un entierro humano.

 La Estructura 6 es una de tres bodegas conocidas en Joya de Cerén.



En la imagen podemos observar la Estructura 6 (bodega) y al fondo la Estructura 11 (cocina circular). El hoyo en la esquina de la Estructura 6 es el cráter dejado por el impacto de una bomba volcánica durante la erupción que sepultó Joya de Cerén.

La Estructura 9 corresponde a los baños-sauna que formaban parte de los hogares mesoamericanos y siguen siendo importantes entre los mayas de Guatemala y del sur de México. En la arqueología mesoamericana, generalmente se designan estas estructuras con el término "temascal" (derivado de la palabra nahua temazcalli), mientras que los actuales mayas de Guatemala, incluyendo los k'iché, kaqchikel y tz'utujil, las llaman tuj y las ocupan para bañarse, para el parto y para curaciones.

El temascal de Joya de Cerén (Estructura 9) es el ejemplar prehispánico mejor conservado que se conoce. En común con otros temascales, la Estructura 9 tiene una baja entrada por donde los usuarios entraban gateando, a fin de conservar el calor adentro. En su interior, que solo ha sido parcialmente excavado, hay una caja de fuego hecho de piedras unidas con barro, y banquetas situadas alrededor (en este caso, forradas con lajas y, uno supone, petates). Un hoyo pequeño en el techo ventilaba el temascal.



Durante la erupción el techo en forma de domo recibió el impacto de una bomba volcánica que abrió el hoyo grande como se observa en la imagen, y luego el techo cedió un poco bajo el peso de los materiales volcánicos que se depositaron encima. El hoyo de ventilación aparece enfrente del boquete en el techo.

La estructura 11, como podemos ver en la imagen de abajo, es una construcción de planta circular y paredes de caña abierta que servía de cocina. Su interior contiene las tres piedras del hogar mesoamericano (cuyo uso en El Salvador está casi extinto – en Nahuizalco todavía conservan el nombre derivado de nahua de “los tenamashtes”). Cuando fue excavada, la Estructura 11 tenía restos de un estante, vasijas para cocinar y servir comida, yaguales (anillos de zacate sobre los cuales se paran vasijas de base redonda), un metate, recipientes de morro pintados (jícaras) y varios otros objetos.



En la arquitectura vernácula tradicional (casi extinta), las cocinas se construían a cierta distancia de las casas para poner a salvo la casa en el evento de un incendio en la cocina. Esto ocurría con cierta frecuencia, especialmente en temporadas de vientos fuertes.

Una sorpresa en Joya de Cerén fue el techo de su temascal: un domo, elaborado en bahareque, y antiguamente protegido bajo una ramada de paja. Es el único domo conocido en la arquitectura mesoamericana. Este temascal descansa sobre una plataforma basal, y tiene gruesas paredes de barro modelado.

Cultivos
Es importante destacar la amplitud de información acerca de los cultivos que ha sido obtenida en Joya de Cerén. Éstos, que a veces llegan hasta las puertas de las casa, incluían sobre todo maíz (Zea mays de la variedad Nal-Tel/Chapalote). Además de maíz, se han identificado otros cultivos como:
*Fríjoles (Phaseolus vulgaris y Phaseolus lunatus)
*Ayote o calabaza (Cucurbita moschata)
*Chile (Capsicum annuum)
*Yuca o mandioca (Manihot esculenta)
*Quequexque o malanga (Xanthosoma violaceum)
*Algodón (Gossypium hirsutum)
*Maguey o agave (Agave spp.)
*Achote o bija (Bixa orellana)
*Jocote (Spondias spp., probablemente Spondias purpurea)
*Cacao (Theobroma cacao)
*Guayaba (Psidium spp.)

Conservación
En 2005 FUNDAR inició su colaboración en el manejo del Parque Arqueológico Joya de Cerén con el órgano cultural del Gobierno (CONCULTURA hasta julio, 2009, y luego la Secretaría de Cultura). El parque se encontraba en un estado de "franca negligencia" en palabras de los funcionarios de Gobierno. Entre 2005 y diciembre, 2009 (cuando FUNDAR decidió terminar su participación en los parques), se realizaron varias acciones que han tenido un impacto significativo.

La arqueología en Joya de Cerén muchas veces se ha comparado con Pompeya, donde una repentina erupción volcánica congeló un momento de tiempo y nos ha permito conocerla con una gran riqueza de detalle. De igual manera en Joya de Cerén, los materiales volcánicos recubrieron las viviendas, otras estructuras y los cultivos circundantes, conservándolos hasta tal grado de importancia que no contamos con otros paralelos en Mesoamérica. Materiales normalmente perecederos, como semillas, implementos de madera, cestos y recipientes de morro se conservan como improntas (que pueden ser rellenadas con yeso como hicieron en su día en Pompeya), como restos carbonizados o, en ciertas situaciones enteros gracias a condiciones herméticas. La información de Joya de Cerén ha sido revolucionaria para el conocimiento de la vida cotidiana de los antiguos mayas.

El nuevo poblado de Joya de Cerén, situado a menos de un kilómetro de distancia de las estructuras descubiertas, está conformado en su mayoría por campesinos que cultivan sus propias parcelas, utilizando casi las mismas técnicas rudimentarias de los antiguos habitantes del destruido pueblo de Joya de Cerén. En la actualidad, dichos habitantes se han convertido en grandes colaboradores de las excavaciones y en la conservación del sitio.

Fuente
Conferencia sobre: “Joya de Cerén, una aldea maya bajo las cenizas de un volcán”, realizada por Fabricio Valdivieso, Congreso Internacional sobre la Cultura Maya “El amanecer Maya” celebrado en La Rábida, Huelva, UNIA los días 21 a 24 de noviembre de2012.


Recursos electrónicos




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MITOLOGÍA GRIEGA:
LA MANZANA DE ORO

Ana Sánchez Delgado

Este mito comienza con una boda, concretamente la de la nereida Tetis y Peleo (padres del portentoso Aquiles).



A esta boda fueron invitados todos los dioses excepto la diosa de la discordia, llamada Eris. Ésta enfadada decidió crear un tumulto durante la celebración y para ello creó una manzana dorada, la cual tenía el siguiente grabado “PARA LA MÁS BELLA”. Eris cogió la manzana y la lanzó a los pies de un grupo de diosas formado por Hera, esposa de Zeus, Atenea, diosa de la inteligencia y la estrategia militar, y Afrodita, diosa del amor. Las tres diosas al leer lo escrito en la manzana comenzaron a discutir sobre quién debía de quedarse la manzana pero al no llegar a ningún acuerdo decidieron acudir a Zeus para que decidiera quién debía quedársela. Zeus se vio venir el “marrón” y para evitarlo mandó a Hermes a por el mortal Paris el cual se encontraba tan tranquilo cuidando de su rebaño.



Paris, hijo de Príamo rey de Troya y de su segunda esposa Hécuba, tuvo la tarea de entregar la manzana de oro a una de las tres diosas. Paris aprovechándose también de la situación pidió a las diosas que se desnudaran para así poder realizar una elección más eficaz ya que ningún defecto quedaría oculto. Alucinado por ver tanta belleza junta, pidió observarlas por separado. La primera fue Hera que entre susurros le prometió que si era elegida sería el hombre más poderoso de toda Grecia, la segunda fue Atenea que entre susurros le prometió que si le daba a ella la manzana vencería en todas las guerras y, por último, Afrodita le prometió como esposa a la mujer más bella del mundo si Paris se decidía a coronarla como vencedora. La carne es débil y Paris, un “playboy” de su época, no pudo resistirse a tener entre sus brazos a la mujer más bella del mundo por lo que decidió darle la manzana a Afrodita y coronarla como la más bella.



La mujer prometida por Afrodita no fue otra que Helena esposa de Menelao, rey de Esparta.




El amor insuflado por la diosa a Helena y su posterior huida de Esparta en brazos de su amado Paris fue la causa por la cual se cuenta que se inició la famosa Guerra de Troya, donde participaron el poderoso Aquiles y el astuto Ulises a lo que se sumó, según cuenta Homero en su Ilíada, una guerra entre los propios dioses los cuales eligieron a los troyanos como fue el caso de Apolo, que contaba con un culto muy arraigado en la ciudad, o Afrodita, mientras que del lado de Menelao y sus aliados se situaron, entre muchos otros, las diosas Hera y Atenea furiosas por la elección de Paris y deseosas de vengarse de tan gran afrenta.


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EL PASO DEL ROLLO DE PAPIRO AL CÓDICE
                                               
                                                              Aguas Santas Barrada Rodríguez



Soportes antiguos
El vocablo "libro", deriva de la voz latina liber, es decir, corteza secundaria de los árboles. El libro, antes de presentar su forma actual, tuvo diversos aspectos según el material empleado para su confección. El primer material utilizado para su elaboración fue la corteza de los arboles. En la India y en Indochina los libros se escribían en hojas de palma secas y empapadas de aceite, en Asia central en la Corteza del abedul, en China en seda y en Roma en telas de lino; también se escribió sobre metal; plata, oro, plomo y en laminas delgadas que se enrollaban como papel.

Se sabe que en China hubo una rica producción literaria de alto nivel, acompañada de un gran desarrollo en el arte del libro, que se remonta a tres mil años a.C. El primer soporte de la escritura fue la madera, sobre la cual se escribía partiendo del ángulo inferior derecho y se continuaba de forma vertical.

Después de la destrucción de las tablillas, ordenada por el emperador Qin Shi Huangdi en el año 231 a. de C., se utilizo un nuevo soporte: la seda, sobre la cual se trazaban los signos mediante una caña de bambú, con una tinta compuesta de negro de humo y de goma.

En esa misma época florecían otros dos centros de civilización en África Septentrional y en Asia Menor, especialmente en Mesopotamia. Los sumerios y los babilonios fueron quienes adoptaron el sistema de escritura cuneiforme. En la ciudad de Nippur se descubrieron rastros de una gran biblioteca que contenía más de quinientas mil piezas y un archivo de documentos. Al este de Ankara, en la capital de los Hititas, se encontraron quince mil tablas de grandes dimensiones con escritura cuneiforme y otras más en Ras-Shamra, en Siria Septentrional.

El papiro en Egipto
En Egipto las letras alcanzaron un desarrollo y valor considerable, no sólo en el campo religioso sino también en el científico y literario. El soporte de esa escritura fue la planta de papiro que crecía en el valle del Nilo.

Los antiguos egipcios, gracias a su nivel de cultura y civilización, descubrieron muy pronto los méritos de tal arbusto y lo utilizaron para necesidades cotidianas. La utilización más importante fue la de ser soporte de escritura. La fabricación de este soporte se realizaba cortando solamente el tallo, se introducía primero en agua, después se le quitaba la corteza verde y se cortaba en tiras de 25 mm de ancho. Las tiras obtenidas se extendían en una superficie plana y se mojaban con agua del Nilo, sobre esta capa se ponía otra en sentido transversal y uniéndolas mediante presión se dejaban secar al sol. Se obtenía así una hoja compacta que se aplanaba con un martillo, se pulía y alisaba con un instrumento de marfil, después se cortaba para obtener hojas de un mismo formato, entre 12 y 13cm de largo y de 22 a 33 cm de alto, finalmente las hojas se envolvían con forma de rollo y algunos se comercializaban.

La tonalidad más blanca y delgada de los rollos estaba destinada a la escritura de los libros sagrados y la tonalidad leucosica a los de tipo ordinario. El "libro" egipcio tenia forma de rollo formado generalmente por 20 hojas enrolladas alrededor de una varilla de madera, hueso o marfil.

La escritura se trazaba paralelamente a las fibras horizontales por lo general solo en una de las caras de la hoja formando columnas estrechas que se numeraban progresivamente, los papiros opistográficos estaban impresos en las dos caras. Las columnas se llamaban paginaey también schedae, la primera hoja se conocía como protocollo y la ultima por excatocollo.

La longitud del rollo variaba según la necesidad, la escritura utilizada en los papiros no era igual a la de los jeroglíficos de las inscripciones, sino que más bien presentaba una forma más rápida y fácil de comprender, se llamaba hierática (sacerdotal). Solo en épocas sucesivas se utilizó una escritura más cursiva llamada demótica (popular). Los escribas egipcios utilizaban una varilla de bambú cortada transversalmente que girada en diferentes sentidos y podía formar trazos gruesos o finos.

La tinta se preparaba con hollín o carbón vegetal extraído de los utensilios de cocina y tratado con una ligera solución de cola. La tinta roja se utilizaba para los títulos y los comienzos de capítulo.

El rollo de papiro se conservaba en una especie de recipiente de madera o de arcilla. La mayor parte de los papiros se han conservado gracias a la costumbre religiosa de depositarse en la tumba. Los así llamados "libros de los muertos".

Estos libros eran rollos de papiro realizados por sacerdotes que los hacían dejando en blanco solo el nombre del fallecido y los adornaban con dibujos más o menos elaborados según la categoría del destinatario, también se encargaban de su venta siendo esta la única forma de comercio de libros conocida en el antiguo Egipto. Por otro lado las bibliotecas egipcias estaban asociadas a los templos.

En el sur de Egipto, en Edfu, se descubrió en el tiempo de Horus, dios del sol, una sala cuyos muros se habían adornado con los títulos de los libros conservados en su biblioteca, además cerca de Tebas se han encontrado dos tumbas cuyas inscripciones mencionan la calidad del "bibliotecario".

Las tablillas enceradas
En el mundo grecorromano el papiro no fue el único material utilizado como soporte de escritura, se emplearon también las "tablillas enceradas". Estas estaban formadas por tablillas rectangulares de madera o marfil, con un pequeño margen realzado a lo largo de los cuatro lados. En la parte central que estaba hundida se esparcía la cera y sobre ella se escribía con un instrumento puntiagudo, el stilus, en la parte opuesta a la punta tenía un rascador, de forma que se pudiese borrar fácilmente la escritura rascando la cera.
Las tablillas enceradas se utilizaban para ejercicios escolares, para cuentas, para comunicaciones epistolares y para borradores de los poetas. Generalmente se unían con cuerdas formando una especie de libro, según él numero se obtenía un díptico, un tríptico o un políptico. Los documentos dípticos o trípticos se presentaban con el texto en doble redacción.

El grupo más importante lo componen las tablillas descubiertas el año 1875 en Pompeya, en la casa del banquero L. Cecilio Giocondo, son 127 y comprenden desde el año 15 al 62 d. de C.; estas contienen los recibos de la administración municipal, de la cual Giocondo era el arrendador.

Parecidos a las tablillas enceradas son los dípticos consulares de marfil ricamente esculpidos, aproximadamente son 71 de los cuales el más antiguo es un díptico sacerdotal del año 388. En la Edad Media se utilizaron para usos litúrgicos como tapas de evangelios y misales de gran lujo.

El rollo y el códice
El rollo de papiro había sido útil durante varios milenios a los egipcios y durante la  civilización grecorromana. Permitía recoger textos de cierta extensión con la garantía de integridad para las obras, tenían buena apariencia y resultaba agradable al tacto, se podía escribir con facilidad en él con tinta, borrar lo escrito con agua y embellecerlo con ilustraciones. No pesaba mucho, se sostenía con las manos y se transportaba con facilidad. Resultaba superior a las tabletas de barro y a los rollos de piel anteriores. En Grecia y Roma quedó identificado como el medio noble para la expresión intelectual y literaria.

Algunos bibliófilos, compraron viejos rollos, pero no buscando  su antigüedad, sino porque contenía alguna obra agotada. Tal era la éxito del rollo de papiro como instrumento de cultura que incluso San Jerónimo lo prefirió para dar a conocer su obra, a pesar de que los cristianos de su tiempo se habían decidido por el códice de pergamino en Occidente y de papiro Oriente.



Pero el rollo tenía sus inconvenientes, como la pérdida de tiempo en buscar un pasaje concreto. Otros inconvenientes eran su fragilidad por desgarrarse fácilmente, la precisión de utilizar las dos manos durante la lectura, el riesgo de que se embrollara y la necesidad de enrollarlo de nuevo  al terminar la lectura o iniciarla.

Tan útil para la humanidad fue la adopción del códice de pergamino, que frente a los mencionados  inconvenientes del rollo, el códice garantizaba una más larga vida porque estaba protegido por la encuadernación, su almacenamiento era más fácil, lo mismo que su transporte por ser plano y abultar menos. Ofrecía una capacidad seis veces superior (más páginas o columnas y la escritura por las dos caras), resultaba más barato y manejable y en él se localizaba un pasaje con mayor rapidez.

Parece claro que el cambio del rollo al códice se debió a los cristianos, porque al principio fueron tan raros los códices con literatura clásica, como los rollos con textos cristianos. A partir del siglo tercero el códice terminó imponiéndose incluso para los textos literarios, quedando reducido el rollo al final del Imperio para documentos diplomáticos y honoríficos, porque la tradición dejaba sentir su peso en los documentos rituales y formales.

Collins H. Roberts en su estudio sobre el origen del códice, cree que se deriva de las tabletas de cera y pugilares usados por los romanos para notas. Incluso  llega a imaginar que San Marcos debió escribir su evangelio en un códice de cuero, de uso corriente para anotaciones entre las personas modestas con las que convivió en Roma.

Los cristianos, por otra parte, descubrieron sus ventajas cuando observaron su mayor capacidad, que permitió reunir series de escritos útiles para las comunidades. Además en las reuniones era fácil la localización de los párrafos que convenía comentar y lee a la audiencia después de comprobarlos para tener la seguridad de su corrección, pues un error podía poner en peligro la salvación del alma. También, porque estos valiosos textos se podía llevar en los viajes de apostolado y  era factible esconderlos con  facilidad en los momentos de persecución. Por su prolongada duración resultaban baratos para a personas pobres para las que era onerosa la reposición de los ejemplares  maltratados por el uso.

Fuera  del mundo cristiano algunos sectores culturales se decidieron, poco a poco, por la sustitución del rollo por el códice. Quizá los primeros fueron los profesionales del derecho, porque el códice resultaba muy conveniente para las recopilaciones de disposiciones imperiales, que eran prontamente  localizadas. Precisamente la recopilación legal ordenada por el emperador Justiniano fue llamada el Código, códice por antonomasia. También resultaba muy útil para los libros de estudio por su capacidad y resistencia y fue adoptado pronto para las obras de medicina, objeto de muchas consultas. Igualmente para largas narraciones, como las obras de Tucídides y Jenofonte o para un conjunto de tragedias y comedias o para antologías. La localización de los pasajes se vio favorecida porque pronto se hizo costumbre la formación de índices de contenidos.

El códice de papiro sobrevivió algún tiempo, mientras fue fácil de conseguir. Se mantuvo en los documentos en Rávena, en la corte merovingia y en la curia romana hasta la mitad del siglo XI. Quizá para estos fines no empezó a generalizarse el pergamino hasta el siglo VII. Igualmente para los documentos se prefirió la forma del rollo usada incluso en los escritos sobre pergamino.

Parece como si a finales del siglo IV existiera el presentimiento de la próxima desaparición de la cultura clásica y una premonición de que en los tiempos posteriores iba a resultar difícil la preservación de los libros que contenían sus mejores logros. Esto justificaría el interés desatado en trasladar a códices de piel el contenido de los rollos en papiro y en la cuidadosa revisión de los textos.

Bibliografía
ESCOLAR SOBRINO, H. (1988): Manual de historia del libro, Madrid.

Web de interés





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EL BARCO FENICIO

Aguas Santas Barrada Rodríguez


El Mediterráneo ha sido cuna de incontables civilizaciones que a lo largo de la historia han pretendido controlar sus costas. Sus aguas han sido surcadas por todo tipo de embarcaciones, buques de guerra que ampliaban los límites del imperio y naves mercantes que mantenían un floreciente comercio entre sus riberas. Los caminos terrestres eran largos y peligrosos, atravesaban numerosos reinos de distinta animosidad, elevados tributos de paso y no permitían el transporte de cargas pesadas o de gran tamaño. El mar, en cambio, representaba un nexo de unión razonablemente seguro y rápido para tales menesteres.

Es realmente difícil definir unas características comunes en los mercantes fenicios en primer milenio a.C., puesto que presentaban una gran variedad de formas y tamaños, dependiendo del tipo de uso al que fueran destinados.

Por otra parte, debido a los numerosos contactos e intercambios existían numerosos puntos similares en la construcción naval fenicia y su contemporánea egipcia, asiria, griega o etrusca.

La ciencia marinera era reacia a los cambios y algunos tipos de embarcaciones y sistemas constructivos fueron utilizados a lo largo de cuatro mil años sin modificaciones relevantes.

El buque mercante estaba formado por distintas partes que a continuación describimos:

El casco del mercante fenicio.
Eran embarcaciones de una eslora comprendida entre 15 y 30 metros.  Manga de 4.5 a 6 metros y un desplazamiento que podía llegar hasta las 500 toneladas. Eran barcos sólidos, de altas bordas, adecuados para afrontar el oleaje de mar abierto y realizar largas singladuras con seguridad. El casco formaba un conjunto cerrado, esto es, con una cubierta que evitaba que, en caso de temporal, el agua inundara las bodegas. La utilización de una cubierta añadía un importante refuerzo estructural al casco, a la vez que creaba un gran espacio interior para la carga. Habitualmente, se utilizaba madera de encina para las embarcaciones menores y pino Alepo para las más grandes. Durante el segundo milenio, la quilla, a veces sobresalía un poco por la proa, formando el tajamar, que en los barcos de guerra se prolongaba con un pesado espolón de bronce. La presencia o ausencia del tajamar tenía que ver con la inclinación de la roda. En el primer milenio evolucionó hacia una proa con lanzamiento hacia avante, como las embarcaciones de pesca actuales, y el tajamar desapareció.

 - Sistema de cosido con fibras vegetales.
Este procedimiento fue utilizado desde el cuarto milenio y contra lo que pueda parecer, era un sistema que permitía la construcción de buques sólidos y capaces de navegar por mar abierto. El casco de tablones cosidos se mantuvo durante muchos siglos, y en los albores de la época precolonial fenicia aún persistía su utilización.



- Sistema de unión por llaves de madera.
Este sistema representó la evolución lógica de la carpintería de ribera y desde el tercer milenio fue desplazando lentamente al sistema anterior. Para ello, se practicaban perforaciones en los cantos de los tablones, y se insertaban posteriormente unas llaves de madera de Alepo, inmovilizadas a su vez, por espigas de madera de algarrobo.  Las uniones de los tablones, en sentido longitudinal, se realizaban con los extremos en forma de línea quebrada. De esta manera, el casco se iba cerrando a proa, sobre la roda, y a popa hacia el codaste.

Las superestructuras
En los pecios hundidos solamente se conservan los elementos del maderamen enterrados en la arena, por este motivo, apenas se han encontrado partes de la superestructura. Casi toda la información disponible viene del estudio detallado de las pinturas y bajorrelieves hallados.

En los mercantes fenicios del primer milenio se observa la presencia de un castillo de popa, que podía estar cerrado en su parte frontal, y era el camarote del capitán o de algún pasajero ilustre. También pueden verse sendas plataformas horizontales con barandilla (con una inclinación algo exagerada por la imaginación de los artistas), que sobresalían de la proa y la popa y que podían tener utilidad para la vigilancia o en las maniobras de fondeo y atraque. La de popa también se podía utilizar para que la tripulación realizase sus necesidades fisiológicas directamente al mar.

La jarcia, mástiles y velas.
Salvo excepciones, como las embarcaciones derivadas de los "hippoi", los barcos mercantes fenicios se propulsaban exclusivamente mediante la vela. Disponían de un solo mástil corto y grueso erigido en el centro del barco y algo inclinado hacia proa.

El mástil estaba sostenido desde su parte más alta por la jarcia firme, compuesta por un estay hacia proa, varios obenques laterales a babor y estribor y burdas traseras que lo sujetaban hasta las bordas de las aletas. Son numerosos los relatos escritos que indican que el mástil podía ser abatido con gran facilidad para disimular la silueta del barco en caso de amenaza o para efectuar las labores de mantenimiento y reparación. El mástil sostenía una verga de madera que soportaba una gran vela cuadra, mucho más ancha que alta. En el segundo milenio, dicha vela, aún utilizaba una verga adicional en su parte baja, pero debido a su inutilidad acabó por desaparecer. Son numerosas las referencias a la presencia de una cofa en la parte alta del mástil. Ello es debido a la importancia de los vigías en unos mares en los que abundaban los piratas o para detectar la presencia de tierra cercana. 

 La "jarcia de labor" era el conjunto de cabos que sirven para izar y orientar las velas, estaba compuesta por varios amantillos que sujetaban la verga al mástil y que servían para izarla. Así mismo, desde la base del palo, partían unos cabos llamados brioles, que se utilizaban  para recoger las velas. En los extremos de las vergas había dos brazas que se utilizaban para orientar la verga y con ello la parte superior de la vela para adecuarla a la dirección del viento.

De acuerdo con las escenas portuarias que los artistas realizaron en la tumba de Kenamon y cuya precisión por el detalle es digna de consideración.  Al llegar a puerto, la vela permanecía plegada en la verga en la parte alta del mástil. Aunque en el caso de largas estancias se desmontaba y guardaba en unos arcones de la cubierta. La vela era orientada correctamente al viento por las dos brazas antes mencionadas y dos escotas unidas en los extremos de su parte baja (puños de escota) y que se hacían firmes en distintos puntos de la cubierta.

Junto a la vela principal, muchos barcos mercantes equipaban una pequeña vela cuadra auxiliar en la proa, denominada "cebadera" o "artimón", sostenida por un bauprés elevado unos 50 grados sobre la cubierta.  Esta vela no ayudaba en la propulsión y su misión consistía únicamente en equilibrar la embarcación en diferentes condiciones de viento a la vez que ayudaba en los giros y maniobras de gobierno.

Los mástiles y perchas solían fabricarse con troncos de cedro o madera de abeto, mucho más económica y que unía una apreciable resistencia mecánica a una buena flexibilidad y un peso moderado. Los cabos auxiliares estaban confeccionados con fibras de esparto o tripas de animales.

Algunos autores no descartan la existencia de unos pocos remos auxiliares que estarían estibados en cubierta y que en ausencia de viento pudieran servir para las maniobras de recalada y atraque.

Las piezas o refuerzos de hierro eran casi inexistentes en las embarcaciones de esta época y en los casos que se han hallado, hay que citar su posible procedencia de los puertos de la región turca de Arzawa, dominados por los hititas. Los materiales y maderas utilizadas para las diferentes partes de un buque eran muy variadas dependiendo de las disponibilidades de la zona de construcción, la tradición artesana local, la técnica utilizada y el uso concreto de la embarcación.


                                                                          
Gobierno y fondeo
- Los timones: el sistema de gobierno estaba formado por dos remos o espadillas laterales llamadas gobernáculas sujetas a las aletas de la embarcación, esto es, la parte del casco que converge hacia la popa. Estas espadillas estaban construidas con maderas de pino Alepo y en su parte baja (la que permanecía sumergida), se ensanchaban con una superficie en forma de pala mediante la cual se controlaba el rumbo.

- Las anclas: las llamadas anclas metálicas no aparecieron hasta el siglo VII a.C., aunque en realidad, tampoco eran artefactos totalmente metálicos, sino que estaban formados por una caña central de madera que sujetaba dos uñas, también de madera, con las puntas forradas de bronce. En la parte alta, junto al agujero practicado para atar la soga de fondeo, montaban un cepo de plomo en forma de lingote rectangular de un peso superior a los 100 Kg. dispuesto en ángulo perpendicular al eje de las uñas. Con ello obligaban a las puntas de bronce a “arar” el lecho marino hasta clavarse en él.



Las embarcaciones auxiliares
No existen muchas referencias históricas sobre las embarcaciones menores, pero probablemente eran pequeñas almadías de tallos secos (como las que perduran en lagunas zonas lacustres de Cerdeña), canoas monóxilas (de un solo tronco vaciado), o embarcaciones redondas de cuero cosido e impermeabilizado, denominadas "guffas", de origen Mesopotámico y que aún hoy en día se utilizan para el transporte de cargas fluviales.

Disposición interior y estiba de la carga
La bodega estaba dividida por tabiques en tres secciones transversales. La mayor, situada en la parte media del barco, contenía la carga principal. Las de proa y popa, mucho más reducidas, estaban destinadas a mercancías de escaso volumen y alto valor. Directamente sobre la quilla, en la parte central del buque, se depositaban las piedras de lastre, peso necesario para conferir estabilidad a la embarcación.

Los "hippoi" fenicios
El "hippoi" fue utilizado ampliamente en el período precolonial, en el que la necesidad de descubrir y reconocer nuevas costas era la principal misión de las avanzadillas fenicias, y ello compensaba con creces su reducida capacidad de carga.

Presumiblemente eran unas embarcaciones rápidas que podían escapar fácilmente de cualquier amenaza, aunque sus cualidades marineras no igualasen la seguridad de otras naves de altas bordas y mayor desplazamiento. Así mismo, su calado era reducido, brindando la posibilidad de remontar ríos y acceder directamente a zonas de poco fondo.

Bibliografía
LORA MEDINA, A. (2008): Breve historia del Mediterráneo Arcaico, Sevilla.

Recursos electrónicos

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